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Portada  |  31 marzo 2021

Las confesiones de un hombre que fue motochorro

“Lo primero que yo trataba de tener era una buena moto, casi siempre robada. Y después me fijaba de elegir bien a la víctima: en lo posible mujeres, porque es más difícil que se resistan”, explica.

Los robos de los llamados “motochorros” no paran de aumentar. Todos los días se conoce uno nuevo. Y cada vez son más violentos.

Durante mucho tiempo Jorge fue uno de ellos hasta que la cárcel y la llegada de su primer hijo lo convencieron de abandonar el mundo del delito. Ahora se gana la vida haciendo changas como albañil, pero cuenta cómo era eso de salir a robar todos los días arriba de una moto.

“Lo primero que yo trataba de tener era una buena moto, casi siempre robada. Y después me fijaba de elegir bien a la víctima: en lo posible mujeres, porque es más difícil que se resistan”, explica.

Otro requisito, que no siempre se cumple, es actuar de a dos. “Yo robaba con un amigo y cada uno tenía su rol. El siempre manejaba la moto y yo era el que bajaba a apretar y robar”, dice.

Ahora, a la distancia, algunos recuerdos lo atormentan, como el de un robo en el que le provocó la caída a una mujer. “Vi que le empezó a sangrar la cabeza. Me asusté tanto que salí corriendo. Ni siquiera a la moto me subí”, relata y deja constancia de su total arrepentimiento por su vida pasada.

Brenda, de 22 años, el 13 de octubre pasado salía de una panadería en Moreno cuando la atacaron dos motochorros. Para arrebatarle la riñonera, uno de ellos la arrastró varios metros por la calle hasta que la atropelló un auto.

El golpe la dejó inconsciente y con múltiples fracturas. Después de meses de internación, se recuperó, pero hay días que no soporta los dolores por las prótesis que le tuvieron que colocar en las costillas y en un hombro. Y más que eso le duelen las secuelas psicológicas. “Yo era fanática de las motos, pero ahora escucho el ruido de una y tiemblo”, cuenta.

Lo mismo le pasa a Celia, a quien el 8 de junio pasado un motochorro la atacó cuando caminaba cerca de su casa, en Loma Hermosa. Ella cayó al piso y su pelo se enredó en el piñón de la moto. El ladrón recorrió así 70 metros, arrastrando a Celia por el asfalto y pegándole patadas en la cabeza.

Recién cuando varios vecinos quisieron detenerlo huyó corriendo. A Celia tuvieron que cortarle el pelo para separarla de la moto. El ladrón fue detenido al día siguiente y está a punto del juicio oral. Pero ni eso la tranquiliza a Celia. Ya no vive como antes. Vive con miedo. Con mucho miedo.

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