*

Saber es Crecer

Portada  |  17 diciembre 2019

Salvar al periodismo

Por Fabrizio Zotta.  Decano Facultad de Periodismo y Comunicación

Universidad FASTA

Director de Analipsis Consultora

Con el cambio de gobierno, y la mención específica del nuevo presidente en el discurso de asunción al vínculo con el periodismo y el destino de la pauta oficial, se reaviva una discusión siempre latente en Argentina y también en todo el mundo: lo que llamamos noticia no es sólo resultado de mecanismos de selección, sino una construcción organizacional, producto de múltiples factores que la condicionan. Entre ellos la política, la empresa periodística y el rol del periodista.

Es ingenuo pensar que no existen instancias no visibles en el ejercicio de los medios de comunicación, porque los hay en todas las disciplinas. Como las hay en la política, en todas las instituciones e -incluso- en la vida privada de las personas individuales hay instancias que no son públicas, que responden a lógicas propias, privadas.

Hay muchas teorías del periodismo y la comunicación que explican la relación de tensión entre el poder (político, empresarial) y la libertad de expresión. En general, son pendulares: van desde la injerencia absoluta de los poderes fácticos sobre la producción de noticias, a la negación de cualquier relación, presentando al periodismo simplemente como un reflejo de lo que sucede.

Pero en ambos extremos, la pregunta que subyace a las teorías que desarrollan la perspectiva desde el newsmaking es de qué manera influye en la construcción de la noticia (toda vez que se acepta como evidente que la noticia no es un reflejo automático de una realidad objetiva, sino un discurso sujeto a los procesos de construcción discursiva) cuestiones externas e internas a la organización propia de la profesión, de las empresas periodísticas y de los periodistas en sí mismos.

La incidencia de las empresas en las rutinas productivas es fuerte, en un doble sentido: el medio de comunicación necesita de una empresa detrás para obtener independencia y credibilidad (no depender del Estado, por ejemplo), ese vínculo necesario puede opacar el arte del periodismo. Sin embargo, no es el elemento que define la cuestión. El otro factor clave, que a veces se reduce a la anécdota, pero que es absolutamente relevante a la hora hacer periodismo es la estructura con la que el medio puede soportar una cobertura: la estructura también determina las potencialidades del newsmaking.

Así, a la idea de que hay un poder absoluto de un editor o de los accionistas de la empresa, hay que sumarle que se necesita un management que habilite equipamiento, pasajes, combustible, horas extra y otros aspectos prosaicos, pero que definen muchas veces si es posible una cobertura o no. O, lo que también configura un riesgo, la proliferación del material enlatado que llega al medio cuando este no pudo estar presente.

Esa injerencia es una realidad. Pero hay otra instancia, que muchas veces el poder político desconoce, por considerar que todos los periodistas responden a intereses corporativos: y es el criterio profesional del periodista. Parte central del newsmaking es el esfuerzo personal del profesional de los medios, que tiene que convivir y negociar con cualquier presión y es un agente decisivo en el equilibrio entre el periodismo y el determinismo político y empresario; y es, también, quien debe resolver mecanismos de respuesta frente a situaciones imprevistas del ejercicio de la profesión. Muchas veces eso es más relevante que lo que un poder concentrado -cualquiera sea- puede imponer.

Por eso, muchas veces la discusión se polariza, pero no debemos polarizarnos nosotros también. Los filtros en el newsmaking pueden responder a decisiones políticas y empresariales. También el componente de recursos disponibles impacta en la construcción de la noticia. Pero, por suerte, queda el periodista que, a caballo de las rutinas productivas, puede salvar al oficio al final del día.

Comentarios